lunes, 30 de septiembre de 2013

LA SOMBRA DEL GUERRERO

A veces, de la manera más tonta, una amiga suelta un comentario y ¡zas! mis musas comienzan a revolotear alrededor de mi y surge una historia como esta. Como no podía ser de otro modo fue la primera que la vio plasmada y aquí la muestro para vuestro, eso espero, disfrute. Un beso mi niña y a la espera estoy de que alguna otra frase tuya me inspire de nuevo. Besos.





    —Y ¿por qué no? —protestó Susana al otro lado del teléfono móvil.
Ruth suspiró resignada.
    —¿Por qué no quiero parecer desesperada? —preguntó a su vez.
    Escuchó el gruñido de su amiga al otro lado. Habían estado toda la tarde chateando, contándose las anécdotas del día, y una cosa había llevado a la otra. Susana se empeñaba, y cuando lo hacía era exactamente igual que una mosca cojonera, como decía su padre, en que se abriese cuenta en algún chat en busca de amistades masculinas.
    Tan solo era cuestión de tiempo que terminase por claudicar con tal de no escuchar la misma retahíla una y otra vez. Y es que a perseverante no le ganaba nadie. Tanto que en cuanto había sonado el móvil sabía que era ella.
    —Sú, sabes que eso no es lo mío —comenzó a explicar—. No me va, para nada, ese tipo de relación.—    Más gruñidos—. Y deja de gruñir que pareces la cerdita Peggy.
   Tras unos segundos de silencio Sú soltó la carcajada.
    —Está bien, viejarras. Ya sé que tú no te llevas nada bien con las nuevas tecnologías y tendencias.
    Ruth respiró aliviada. Al menos tendría una tregua por unos días.
    Toda esta conversación había ocurrido cuándo ¿hacía un año? Sí, más o menos. Días después, tras una cena familiar y una empalagosa presentación por parte de su preciosa hermana de su pareja a sus padres y al resto del clan que apareció por allí por arte de magia  —ella se decantaba más por las dotes de mando de su madre—, harta y enfadada porque a sus treinta y pocos años le declarasen solterona oficial de la familia,  había conectado el ordenador y en un arranque de valor había abierto la dichosa cuenta.
    Y allí estaba ahora, expectante, deseando que Warrior se conectase.
    En un principio sus encuentros se limitaron más a escuchar que opinar, en este caso a leer más que a escribir. Entraba esporádicamente, pero poco a poco, sin saber ni cómo se había ido enganchando.
    No esperaba encontrar gente tan variada y con la que la mayoría de las veces coincidía en muchos aspectos de la vida.
    La primera vez que Warrior se conectó, al ver su nick, pensó: «Otro gilipuertas bravucón y que se cree que todo el monte es orégano»
    Pero se equivocó. Usaba un lenguaje correcto, casi podría decirse que culto. Sus opiniones eran claras y concisas. Rebatía sin doblegar a su oponente y fue con él con quien tuvo más feeling en esas largas horas en los chats.
    Se paseaba por todas las salas en su busca, al igual que le sucedía a él. Pasados unos meses, en cuanto se veían por el chat, se abrían conversación privada entre ellos.
    Sus conversaciones eran largas, hasta altas horas de la madrugada los fines de semana. Hablaban de: amigos, familia, ex parejas, cine, libros. Todo lo que uno se pudiese imaginar. Su conexión era absoluta. Se entendían a la perfección.
    Una noche en la que ella le notó más silencioso que otras veces comenzó a escuchar ruidos raros en el ordenador.
    Shadow: Espera, me parece que mi ordenador está dando problemas.
    Una risa varonil se escuchó en el silencio de su alcoba.
    Shadow: ¡No te rías! Ya sé que el pobre no anda para muchos trotes pero es que…
    No pudo terminar la frase. Las carcajadas de él le erizaron la piel. Era ÉL. Su risa. De ahí provenían los ruidos, había conectado el sonido.
    Se quedó muda. Escuchó atenta los sonidos. Sus pasos por la habitación. El murmullo de las hojas de un libro al pasar deprisa, su respiración. Debía de lleva puesto unos auriculares con micrófono.
    Tras sus largos minutos de escucha sin escribir comentarios la voz varonil le llegó perfecta.
    Warrior: ¿No crees que ya era hora de dar un paso más?
    Shadow:  …
    Warrior: ¿Shadow?¿Estás ahí?
    S:…
    Él chascó la lengua con fastidio. Escribió.
    W: Esta bien. Espera que desconecte el micrófono.
    S:¡NO!
    Silencio.
    S: Es que me ha pillado de sorpresa. No me molesta de verdad— escribió.
    W:¿Seguro? —dijo.
    S:…
    Buscaba como loca los iconos por la pequeña pantalla. Tanto tiempo chateando y nunca se había preocupado de ellos.
    W:¿Ruth? —llamó él.
    Al final lo vio. Su dedo temblaba sobre el ratón inalámbrico pero antes de perder el valor clicó.
    S:¿Sí?
    Ahora el que quedó mudo fue él. Ruth rió tímida. Se oyó un suspiro de alivio.
    —Pensé que había perdido la conexión.
    —Mentiroso —murmuró incitadora.
    Él rió.
    —Me has descubierto.
    —¿Desde cuándo tenías pensado hacer esto?
    Carraspeó intranquilo.
    —Hace meses pero no me atreví.
    —Ya
    —Sé que no eres muy dada a mostrarte por aquí.
    —Ya lo sabes.
    —Pero hoy me apetecía que oyeses mi voz. Que puedas intuir por el tono cómo me siento…lo que me haces sentir.
    ¡Vaya! Si eso no era una declaración de intenciones entonces no sabía que otro propósito tendría.
    Sentía los nervios a flor de piel. Necesitaba pensar en lo que él acababa de decirle.
    —Adam…tengo que dejarte. Me traje tareas pendientes del trabajo a casa y he de acabarlas— su voz sonó temblorosa, insegura. No sabía mentir.
    —Vale, ok. Lo entiendo. Yo también tengo trabajo atrasado. Aprovechemos entonces.
    —Hasta mañana— se despidió.
    No hubo respuesta en el otro lado, tan solo un clic y un silencio premonitorio, aterrador.
    Cerró con mano temblorosa el ordenador y se dispuso a preparar una cena ligera que no logró ni empezar.
    Pero ¿por qué era tan imbécil? Desde hacía meses ansiaba esas charlas diarias con él. Intuía que la relación que mantenían había traspasado la línea de solo amistad hacía tiempo y hoy que él le declaraba sus sentimientos o al menos los dejaba vislumbrar a ella le entraba el pánico y lo había despachado con viento fresco.
    Lo dicho una tonta redomada.
    Pasó una noche inquieta, casi no pudo pegar ojo y su mente rememoraba una y otra vez la voz varonil de Adam. Su guerrero. Sonrió.
    Mañana aclararía lo ocurrido. Se disculparía.
    El día amaneció frío. Llegó tarde al trabajo porque se le habían pegado, a última hora, las sábanas.     Transcurrieron las horas atendiendo a clientes por teléfono, mandando fax y elaborando informes. Deseaba llegar a casa y relajarse en animada charla con Warrior pero espero en vano. Él no apareció. Le buscó por todos los chats. Nada.
    ¿Estaría enfadado? ¿Dolido? ¿Ambas cosas? Decidió que sí, se puso en la piel de Adam y se confirmó a sí misma que ella habría reaccionado de la misma manera.
    Le había rechazado. No, no era cierto. Le había hecho sentirse rechazado.
    «Bocazas» se regañó a sí misma. Apagó el ordenador y se fue a dormir. Reviviendo en sueños la voz de  él.

    La semana se le estaba haciendo larga e insoportable. Adam no había vuelto a aparecer por el chat. No se atrevía a mandarle ningún correo electrónico por miedo al rechazo y aunque todas las noches se mantenía despierta frente a la pantalla del portátil, él no dio muestras de aparecer.
    Visto que sus nervios no le dejaban dormir decidió acoplarse bajo las sábanas, portátil en mano y comenzar a leer algunos de los libros que tenía pendientes. Por costumbre abrió el chat, en espera de noticias.
     La tensión se podía cortar entre ellos. Sin esperarlo Rob extendió sus manos, le tomó de la cintura y atacó voraz sus labios.
Celia los sintió ardientes, jugosos y la lengua de él causó estragos sobre la comisura de su boca
    —Buenas noches— la voz sonaba seria.
    Ruth casi dejó caer el ordenador con el sobresalto. Se estaba imaginando a ella misma con Adam en la escena del beso.
    —¡Hola! —saludó con entusiasmo.
    —Quería disculparme
    —¿Por?
    —Por este silencio absurdo que he mantenido.
    —No pasa nada. «¡Ole, Ruth, tú dale a entender que no te importa» pero antes de poder rectificar, Adam volvió a hablar.
    —Quería tomarme un tiempo de reflexión.
    Silencio. Como él tras varios minutos no añadió nada, Ruth temerosa de la respuesta, preguntó por fin.
    —¿Y?
    Se oyó la inspiración profunda de él.
    —Pues todo ha quedado aclarado.
    «Le has perdido» se dijo. Pero calló, intuyendo que no debía de interrumpirle.
    —Esta semana se me ha hecho interminable. Las eternas noches sin hablar contigo, insoportables. No volverá a ocurrir. Por mi bien mental prefiero tenerte como amiga que perderte.
    Se derritió por completo. Warrior. Sí, sabía que él lucharía hasta la muerte.
    —¿Adam? —susurró su nombre.
    —Dime.
    —Yo también te he echado de menos —carraspeó— y mi semana ha sido tan patética como la tuya.
    —¡Vaya!
    —Y tú también eres muy especial para mí.
    Él permaneció en silencio y Ruth continuó.
    —No sabes cuánto.
    Y antes de que le abandonase el coraje, clicó sobre el icono que activaba la cámara del portátil.
    —¡Hola!- saludó con la mano.
    «Patética. Vamos Ruth tú puedes hacerlo mejor»
    —¿Sorprendido? —preguntó.
    Le oyó trastear por el cuarto. ¿Qué diablos estaría haciendo? Y por fin le vio. Era mucho más guapo de lo que había imaginado. Adam sonrió mostrando unos dientes perfectos y una sonrisa cautivadora que irradiaba también en sus ojos, dándoles un brillo mágico, hipnotizador.
Sus oscuros ojos le estudiaban. Nerviosa se atusó el pelo. Menuda facha llevaba hoy. Con la media melena recogida con una pinza sobre su nuca. Veloz se quitó las gafas de cerca. Él rió ante su coqueto gesto.
    —Estás preciosa.
    —¡Sip! Divina de la muerte —gruñó.
    —¿Por qué te quieres tan poco? —regañó él. Sus ojos fijos en ella, paseando su mirada por cada centímetro de su rostro.
    Atusó nervioso su pelo. Inspiró profundo para relajarse y se dirigió a ella.
    —Ruth —susurró—. Con respecto a lo hablado. Quiero que te quede claro que busco una persona con la que compartir mi vida. Buscaba una persona especial, que me hiciese vibrar por dentro y esa persona eres tú. Sin duda.
    Sintió que se ruborizaba. Ella tenía esos mismos pensamientos. Continuó escuchándole.
    —Sabes que por mi trabajo no tengo ningún problema a la hora de tener que desplazarme de lugar. Nada me ata aquí. Mis amigos son importantes pero para mí tú lo eres todo.
    Fue una noche emotiva. De expresar sentimientos y cuando tras largas horas de charla les iluminó la luz del amanecer se despidieron hasta pasadas unas horas.


    Las semanas fueron pasando. Ruth soñaba todas las noches con Adam. Ansiaba tenerle a su lado. Acariciarle. Escuchar las palabras ardientes susurradas sobre sus labios.
    De esta noche no pasaba. Lo había hablado con Sú que a imaginación no le ganaba nadie y le había plagiado unas cuantas ideas.
     Así que a la hora prevista se plantó con el bonito conjunto de lencería que se había comprado esa misma tarde. Se maquilló, resaltando sus mejores rasgos, se puso unos altos tacones de aguja y esperó el sonido de la voz de él.
    Puntual Adam le llamó:
    —¿Ruth? ¿Estás ahí? No puedo verte, tan solo veo tu alcoba.
    Adam observaba la pequeña ventana. Una luz suave bañaba la habitación. De fondo una música sensual se colaba a través del micrófono del portátil. Sobre las mesillas de noches la tintineante luz de las velas hipnotizaba su mente.
    La silueta de una mujer se dibujo por un lateral. ¿Ruth? La transparencia del negligé dibujaba su cuerpo al trasluz de las velas. Se acercó lentamente hacia la lente. Sus movimientos sensuales, felinos. Veía contonearse sus  caderas. Tragó saliva sonoramente. Ella rió entre dientes. Se agachó frente a la pantalla, cerca muy cerca, dejándole vislumbrar la piel de sus senos, apenas cubierta por el encaje.
    —Esta noche serás mi guerrero —susurró con voz ronca ella—. Quiero que me hagas tuya. Que sientas todo lo que yo voy a sentir. Y que grites de placer.
    —S-sí —tartamudeó Adam.
    —Solo hay una condición
    Adam no perdía detalle de sus labios, de la piel de su cuello, del mechón de pelo que rebelde acariciaba la clavícula, de sus senos, exuberantes, firmes.
    «Y ¿esta era su tímida Shadow?» No quería ni pensar lo que pasaría si estuviese allí junto a ella en ese mismo instante. Su entrepierna comenzó a latir dolorida.
    —¿Adam? —llamó ella.
    —¿Eh? ¡Ah, sí! —Sacudió su cabeza para despejarse momentáneamente—.¿Cuál?
    —Harás todo lo que te pida, sin protestar.
    —Hecho —exclamó entusiasmado.
    Ruth tomó el portátil entre sus manos. Eso le dio una perspectiva demasiado cercana de sus senos y con el movimiento al trasladar el portátil pudo ver sus largas piernas enfundadas en unas medias de rejilla sujetas con un tentador liguero.
    Ruth colocó el portátil sobre la cama. Con movimientos sensuales posó su cuerpo sobre esta.
    —Mírame —ordenó ella.
    «¡Que le mirase decía! Si no había podido quitar sus ojos de ella ni un segundo» Se acarició la erección por encima del pantalón.
    —No no —regaño Ruth—. No te he dado permiso para empezar a jugar. Como castigo pondrás tus manos por detrás del respaldo de la silla.
    —Pero así no…
    —Shhhhhhhhh ¡a callar!
     Enmudeció.
    —Como has sido malo tendré que cambiar alguna escena.
    Posó su dedo índice sobre sus labios rojos y los acarició pensativa. Ruth oía la respiración entrecortada de él. Audaz comenzó a acariciar su boca.
    —Mira mis labios. Tu lengua los recorre lentamente. Degustándolos. Acariciando la suave piel. Los muerdes, tentador, jadeo. ¿Oyes mi respiración?
    —Sí.
    —Succionas la carne para dejar la piel al descubierto, rozas con tu lengua su tibieza. Degustas el sabor de mi boca. Yo, entreabro mis dientes y rozo, sutil tu lengua. Incitándote a que tu beso sea osado, voraz. Déjame probarte.
    —¡Dios! que bien sabes —jadeó Adam, los ojos entrecerrados por el placer.
    —Tus labios acarician mi cuello, dejan un reguero de besos ardientes en mi piel. Mordisqueas el lóbulo de mi oreja. Susurras sobre ella…
    —Te necesito —murmuró Adam—. Quiero sentir como te estremeces con mis caricias.
    —Siiiiii… mírame…mi piel se eriza con tus palabras. Mis manos acarician tu torso desnudo. Tus pezones se elevan, erectos, y los pellizco. Rozas con ellos el encaje que me cubre provocando que los míos se endurezcan en respuesta.
    Adam gimió.
    —Abre los ojos Warrior.
    Él obedeció.
    —Mi mano es tu mano.
    Ruth comenzó a acariciar sus senos, excitando sus erectos pezones hasta que estos se marcaron aún más. Deslizó los tirantes del fino camisón, dejando al descubierto sus pechos. Los acarició, sopesándolos, apretándolos con suavidad.
    —Déjame tocarte —bisbiseó Adam entre dientes.
    —Sí…así…me gusta. Mis manos deslizan la cremallera de tu pantalón. Lentas. Penetran por la abertura en busca de tu miembro, duro, palpitante.
    Adam jadeaba.
    —Tócate Adam ¡ya! —ordenó.
    Obedeció raudo.
    —Mira tu mano como acaricia mi pubis, depilado, todo para ti, para que libes con tu lengua lo que estos labios esconden— Ruth se acariciaba al mismo tiempo.
    —Tu mano es mi mano. Siéntela como aferra tu pene. Lo acaricia. Lo mima. Lo lleva hasta mis labios que degustan su sabor. ¡Mmm!
    —Sí…nena…te siento.
    —Roza con tu lengua mi vagina. Siente su humedad. Está abierta para ti…solo para ti.
    —Que bien sabes.
    —Penétrame ¡Ahora!
    Adam bombeaba con fuerza su miembro. Ruth introducía sus dedos en su interior. Sus respiraciones acompasadas. Los latidos de sus corazones unidos. Sus mentes dentro del otro. Sintiendo. Amando.
    Llegaron al éxtasis casi simultáneamente. Acurrucaron cada uno a su lado sus portátiles y cayeron en un placentero sueño.


    Adam miró su reloj. Faltaba menos de media hora para que Ruth, su Shadow, se conectase para hablar con él y tener ese maravilloso sexo que compartían desde hacía semanas.
    Si al menos el maldito taxista acelerase un poco más. Para él que le había estado dando vueltas a la barriada pero no se atrevió ni a insinuarlo no fuese que el conductor se ofendiese y le hiciese bajar del auto.
De repente el taxi paró y el piloto se volvió.
    —Es aquí. Son cincuenta euros.
    —¿Cincuenta pavos desde Atocha hasta aquí?
    —Ya le avisé que tendría que pagar usted por salida de zona. Y eso que no le cobro por la maleta.
    —Pues menos mal — «só ladrón» añadió mentalmente—. Tenga.
    El taxista ni se digno a bajar a descargar la maleta. Adam forcejeó con ella. El taxista aceleró hasta desaparecer en la oscuridad de la calle. «Ahora corres cabrón»
    Tomó el asa de su troler y empujó esta hacia la acera. Miró el número del portal. Sí, era este. La puerta estaba abierta. No le gustó para nada.
    Subió las escaleras con la pesada maleta y el macuto del portátil colgado en su lateral.
    Al llegar al segundo jadeaba. Esperó unos minutos hasta que su respiración se acompasó de nuevo. Secó con un pañuelo su, de repente, sudorosa frente, sus manos. Inspiró para serenarse, pulsó el timbre y esperó. Pasados unos minutos la puerta se abrió.
    Ruth dejó caer el paño de cocina que llevaba en sus manos. Abrió la boca, aturdida. Sus ojos parpadearon varias veces, para cerciorarse de lo que veían.
    Sin poder esperar más Adam atacó voraz esos labios que le volvían loco. Rodeó con sus fuertes brazos la cintura de ella, apretándola sobre su duro pecho. No la soltaría jamás. Nada podría separarle de ella. Tiró de su maleta hacia el interior del piso y cerró en silencio con el pié. Se perdió entre los besos de su amada.

                                                                       

                                                                        FIN


















6 comentarios:

  1. Hola,
    genial...jejeje...me has alegrado la tarde....un relato estupendo....
    besis

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  2. Estupendo relato, has descrito muy bien lo que son los sentimientos aunque sean a través de una pantalla, las personas somos un eco emociones vengan de donde vengan... un plas plas y sigue inspirandote en todo lo que veas , oigas y sobre tod sientas muakkkkkkkkkkk

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  3. Gracias chicas.
    Algún fallo de estructura que deba corregir? que luego la profe me regaña jajajajaja ;)

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  4. ¡Acabo de leer la historia del tirón! Como ya te he dicho, me encanta cuando los protagonistas se conocen por un chat. Da mucho juego y tú sin duda has sabido sacarlo, gracias por esta historia, bss

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    1. gracias a ti por leerlo y por comentar. Besos.

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  5. Ha pasado dos años , desde que escribiste este relato y si antes te comente que era genial , ahora transcurridos esos dos años te diré que es magnifico , real y autentico como la vida misma , las emociones sean a través de una pantalla o en real son las mismas sensaciones el amor es amor en cualquier lado del universo ... bravo amiga.

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