domingo, 10 de marzo de 2013

TODO TUYO




Despertó sobresaltado ante la salva de aplausos. Parpadeó confuso y con ligero dolor en el cuello que  le indicó dónde se encontraba. Se había quedado dormido en el sofá.
Los aplausos provenían del televisor encendido. Incorporándose buscó el mando a distancia y se disponía a mirar las noticias en el tele-texto cuando lo vio.
¡El móvil con el que había estado soñando desde hacía meses! Allí, sobre la mesa, envuelto en papel celofán y con un pequeño lazo. Alargo sus dedos y tomó la pequeña nota adherida al regalo.
«Para que veas que los sueños, a veces, se cumplen. XXX. Tu cari»
Y un ramalazo de culpa lo atravesó.
— ¡Mierda!— pensó. Estaría cabreada…muy cabreada.
Y no era para menos. Se había esmerado con la cena. Había comprado sus cupscakes favoritas  para tomarlas con el café. «¿Café?» No recordaba habérselo tomado. Seguramente fue cuando sus ojos se cerraron.
Acercó sus pasos hacia la cocina. Ahora sí que necesitaba ese café. Un café y un cigarro…antes de enfrentarla.
Tomó su taza y vertió una generosa cantidad del oscuro líquido. Abrió la nevera para coger la leche y allí estaban. Sus cups sin probar. Nunca le habían parecido tan amargas como ahora. Con un suspiro, añadió un chorro de leche al café, mientras lo calentaba, encendió el cigarrillo e inhaló. Degustando el café una idea se formó en su mente.
Su churri necesitaba una compensación. Y vaya si la tendría. Una pícara sonrisa se dibujó en sus labios.


Entreabrió sigiloso la persiana. La luz de la mañana bañaba de una suave luz el dormitorio.
Allí, tumbada  y cubierta por la sábana, se hallaba la mujer de sus sueños.
Deslizó con cuidado la tela que le impedía disfrutar de tan maravilloso espectáculo.
La respiración se le cortó. ¡Madre mía! Miró extasiado el cuerpo. Lucía un picardías de color mora. Debajo de sus senos se abría, insinuante, y dejaba vislumbrar el tanga a juego. Se relamió inconsciente los labios. Deseando regar de besos suaves y ligeros mordiscos las redondeces que estaban haciendo que su entrepierna cobrase vida propia.
Sacudió la cabeza para despejarse. Estaba allí para resarcir a su chica del plantón de la pasada noche. Tomando la pequeña pluma comenzó a dibujar senderos por su pierna, ascendiendo con suavidad por la largura de las mismas.
Ella, se movió inquieta. Esperó. Cuando la respiración volvió a serenarse resiguió la goma del tanga a lo largo de las caderas. Esta vez, la mano de ella frotó con suavidad el trazo de piel expuesta.
Comenzó a dibujar círculos concéntricos alrededor de su ombligo. Un gruñido surgió de los entreabiertos labios de Hellen. Sin poder evitarlo de su garganta surgió una sorda risa.
Entre sueños le oyó. Sintió sobre su escote el suave roce de sus dedos. Oía la respiración masculina ligeramente alterada. Mentalmente puso los ojos en blanco.
« ¡Vas listo!— se dijo—. Como sigas por este camino me vas a oír»
Estaba enfadada. Cabreada. Muy cabreada. ¡No! Lo siguiente.
Menuda desfachatez la de él. Después de dejarla con dos palmos de narices ahora ¿venía pidiendo guerra?
Pues la tendría. Pero no del tipo que él tenía en mente.
Volvió a notar los dedos recorrer con delicadeza la planta de sus pies. Los frotó para quitar el leve cosquilleo. De nuevo por su pantorrilla. Resopló. Ahora recorría la parte trasera de su rodilla.
« ¡Ya está bien! »Y sin dudarlo lanzó una patada donde suponía se hallaba su cuerpo.
Un gemido de dolor la despertó del todo segundos después.
Se sentó a horcajadas sobre el colchón mirando como su chico se retorcía a los pies del mismo, cubriendo su entrepierna.
¡Ay, Dios! ¿Qué había hecho?
—Veo que sigues enfadada— logró balbucear él  entre dientes.
Ella, miraba su rostro congestionado, la respiración agitada por el dolor, los dedos masculinos agarrando la zona golpeada.
Pensó en hielo. ¡No! le quemaría. Un paño caliente. Peor. ¿Qué poner sobre la zona y que lo aliviase? Listo. En segundos rodó hacia él y posó sus manos sobre las de él. Masajeando con suavidad.
—Cari… ¿te duele mucho?— susurró con un hilillo de voz.
—Mmmmmmm—gimió él—. Un poquito nada más.
— ¿Tan solo un poquito?
— Sí.
— ¡Pues me alegro!—explotó ella recordando el plantón.
— Churri…—comenzó a decir él—. Siento lo de anoche.
—Ni lo mientes. Y además ¿qué pasa?— agitaba enfadada las manos—. ¿Qué despierto tú despierto todo el mundo? Para una vez que un sábado no tenemos que levantarnos temprano.
—Quería compensarte —murmuró.
— ¿Compensarme?— entrecerró los ojos— ¿Toqueteándome y haciéndome cosquillas todo el rato?-
—Era lo lógico —contestó y le mostró la pluma.
Los ojos de ella se abrieron como platos. Así que estaba realmente arrepentido y estaba juguetón. Sintió como su enfado se iba disipando. Pero no podía dar su brazo a torcer tan fácil.
Los ojos de él no perdían detalle del rostro. Paladeó la victoria pero aun así el plan que tenía en mente lo iba a cumplir.
— ¿Sigues enfadada? —tanteó.
Por toda respuesta ella entrecerró los ojos, frunciendo los labios.
— ¿Me dejarías compensarte? —sondeó.
—No sé no sé —respondió, golpeándose la mejilla.
— Bien —exclamó eufórico, mientras alzaba su cuerpo de la cama—. Tú quieta ahí, ahora vengo.
Le vio alejarse con una sonrisa en los labios. ¿Qué se traería entre manos?
Al cabo de unos minutos, desde el salón le llegó el sonido de la cadena de música. Los primeros acordes de «You can leave your hat on»
« ¿Cómo?» Parpadeó asombrada. Y sí, tal como había pensado, Peter comenzó su stripteases.
Su musculoso brazo asomó, mostrando un sombrero Fedora, típico de los gánster de película. Le siguió  el perfil de su rostro y con un elegante movimiento  mostró todo su cuerpo.
Vestía la gabardina que miles de veces había decidido tirar pero que nunca lo hacía. La corbata preferida de ella colgaba semianudada sobre el robusto cuello. Sus piernas asomaban desnudas por la rendija de los botones. Iba descalzo. Al son de la música comenzó a contonear sus caderas en un gesto provocador.
Sus dedos iban desabrochando lentos los botones. Con gestos atrevidos y sensuales se despojó  del gabán y quedó frente a ella con el sombrero, la corbata y un bóxer personalizado: “Soy todo tuyo” que ella le había regalado.
«Pero… ¿qué demonios le había hecho al calzoncillo? ¡Menudo chapuzas estaba hecho!» mientras le observaba contonearse para ella al ritmo sensual de la música. Las miradas insinuantes, su sonrisa pícara. Un pensamiento cruzó por su mente.
¡Sí! Era un chapuza y un capullo desconsiderado, a veces, pero era SU chapuzas y el contoneo de su cuerpo, ver como sus manos se acariciaban a sí mismo, la manera de pasarse el pulgar por sus apetitosos labios… ¡la estaban poniendo a mil! Luego arreglaría cuentas con él por destrozar el bóxer pero ahora era momento de dejarse llevar por los sentidos.
Con un movimiento provocativo quitó el sombrero de su cabeza, cubriendo pícaro su entrepierna. Tiró con fuerza de las tiras del bóxer y se despojó de él. Ella aplaudió entusiasmada mientras pedía que se lo quitase todo.

La lanzó la corbata que quedó a centímetros de ella. Con un guiño picarón, justo al final de la canción él la lanzó el sombrero, quedando totalmente desnudo.
Tomó el sombrero y lo colocó sobre su cabeza. Sonreía como una boba tras el espectáculo al que había asistido.
Él miraba el brillo de los preciosos ojos de Hellen. Se le estaba comiendo con la mirada. Sonrió sensual y con gestos felinos se subió a la cama,muy despacio fue acercándose hacia el cuerpo de ella. En su camino tomó entre sus dedos la corbata. Lentamente comenzó a correr el nudo, dejando una abertura pequeña. Ella le miraba hacer. Con movimientos decididos tomó las muñecas femeninas y las introdujo en el pequeño lazo, tiró lo suficiente para que las se uniesen pero no tan apretado como para que ella no pudiese zafarse fácilmente.
Acercando sus labios susurró sobre los de ella.
— ¿Estoy perdonado?
Tragó saliva pero su voz no salía de la garganta. Asintió vehemente. Miraba los labios de él, tan cercanos, tentadores. Humedeció los suyos con la punta de su lengua y él, voraz, atacó.
Resiguió el contorno de los labios femeninos. Acariciándolos  y mordisqueándolos suavemente. Estos se abrieron a sus caricias. El sabor de sus lenguas y el juego de las mismas hicieron  que la respiración de ambos comenzase a alterarse.
Sus manos comenzaron a recorrer el cuerpo apetitoso de la mujer. Erizando la piel a su paso. Haciéndola arder. Se perdió entre la piel de sus senos que el atrevido picardías dejaba a la vista.
Resiguió con la punta de la lengua la porción descubierta del escote. Sus dedos acariciaron los pezones que a su roce se endurecieron. Bajó su boca hacia ellos y los mordisqueo. El gemido de respuesta lo hizo endurecer aún más. Deslizo con suavidad la yema de sus dedos por la piel tersa del abdomen, dibujando figuras abstractas sobre su ombligo. Lento, pero sin tregua, avanzó hacia el borde del tanga. Las caderas femeninas se alzaron, pidiendo más. Se sonrió. Aún no. La pondría hasta el límite del abismo para luego tomarla entre sus brazos y perderse en la profundidad de su húmeda y ardiente oquedad.
Solo de pensarlo los latidos de su corazón se dispararon. Las aletas de su nariz se dilataron al llenarse con el perfume íntimo de ella. Lamió su pubis a través del encaje. Un jadeo le llegó a sus oídos.
Deslizó el tanga y se abrió paso al interior de ella con sus dedos. La encontró húmeda, caliente, dispuesta.
Bombeó con suavidad, lubricando a su paso. Las caderas femeninas se acoplaban a su ritmo, apretando sus dedos en su afán de sentir más placer. Introdujo un dedo más. Sintió como ella lo aprisionaba. ¡Dios! se sentía explotar. Ansiaba penetrarla.
Los movimientos convulsos, acelerados de ella le indicaron que era el momento. Deslizó sus dedos hacia fuera y su miembro penetró de una embestida al interior.
Los jadeos de ambos se unieron hasta llegar al clímax.


Días después
Su móvil sonó. Un wasshap. Lo abrió. Su churri.
«Me he pasado por la ferretería»
Parpadeó confusa. « ¿A qué venía eso? ¡Hombres!» pensó
Pasados unos minutos un nuevo pitido. Resopló, pero lo abrió.
«Se había acabado el suministro  de cinta americana de doble cara. ;)»
No pudo reprimir la carcajada, al recordar la chapuza que con esa dichosa cinta había hecho en su bóxer. Varios rostros se giraron a mirarla. Los ignoró. Con dedos ágiles escribió.
«Mira en la caja de los juguetes»
Cuando viese el conjunto de stripper que sus chicas del tuppers-sex  le habían conseguido le iba a dar un infarto.
Imaginando la cara de su chico. No pudo evitar carcajearse.

FIN


FIN

FIN



6 comentarios:

  1. muy bueno, a estas horas lo acabo de leer , tia eres buena , muy buena , muakis churri sigue a si...

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  2. Tercer intento de dejarte comentario.
    Me ha gustado muchísimo Cat.
    Ha sido divertido,excitante y con una gran calidad de redacción, así que no me extraña que hayan elegido uno de tus relatos para ser publicado.
    Voy a ir leyendo tus relatos cortos para seguir con tu Víktor por supuesto.
    Un beso y nos leemos.

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    1. ¡Ay! May no me digas eso que me pongo colorada. Que me da vergüenza. jajajaja Muchas gracias. Me alegro que te haya gustado y que disfrutes de los otros también.

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  3. Acabo de descubrir tu blog y tras leer la mitad de la última entrada... he decidido empezar por el principio. Me quedo por aquí, me encanta tu estilo, es divertido y sugerente. Gracias por compartir tus relatos!

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    1. Agradezco tus palabras; Lucia. Un honor compartir lo que me susurran mis musas con todas vosotras. Un saludo.

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